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Ocaña, ¿una provincia para echar raíces?

Por: Jorge Lobo


La sostenibilidad en Ocaña, Norte de Santander, ha dejado de ser una opción para convertirse en una necesidad inaplazable. Esta ciudad, enclavada en la provincia homónima, cuenta con una rica diversidad natural, una tradición agrícola profundamente enraizada y un capital humano resiliente. Sin embargo, como muchas regiones intermedias del país, enfrenta el desafío de crecer sin comprometer su entorno, su cultura y el bienestar de las futuras generaciones.


Uno de los ejemplos más notorios de sostenibilidad en acción se encuentra en la finca La Laguna, ubicada en la vereda El Rodeo. Allí, la familia Navarro ha logrado integrar producción agrícola, cuidado ambiental y ecoturismo en una propuesta ejemplar. Mediante el uso de biodigestores, han reemplazado el uso de leña en la cocina por gas producido localmente, lo que contribuye a reducir la tala de árboles y las emisiones contaminantes. Además, con su marca Provincia’s Coffee, no solo ofrecen un café de especialidad, sino que también revalorizan la economía campesina. Los visitantes pueden recorrer la finca, aprender sobre el proceso del café y conectarse con la naturaleza. Este es un modelo replicable y prueba de que sí es posible generar ingresos respetando el entorno.


A nivel institucional, el Plan de Desarrollo Municipal Más por Ocaña (2020-2023) incorporó líneas estratégicas alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), enfocándose en seguridad, inclusión social, desarrollo económico sostenible y bienestar general. Se propusieron estrategias para reducir la pobreza, mejorar el acceso a servicios públicos, fomentar la equidad de género y garantizar un ambiente sano. Sin embargo, los avances han sido lentos, y la falta de continuidad administrativa suele desarticular proyectos valiosos en cada nuevo periodo de gobierno.


En términos urbanísticos, el Plan Básico de Ordenamiento Territorial contempla la necesidad de integrar corredores verdes, ampliar y recuperar el espacio público y conservar las fuentes hídricas. Este plan promueve una ocupación ordenada del territorio y busca mitigar el deterioro ambiental urbano. No obstante, muchas de sus disposiciones aún no se han implementado plenamente, debido a limitaciones presupuestarias y a una débil cultura de planificación en el largo plazo.


Uno de los principales problemas ambientales que enfrenta Ocaña es la situación del río Tejo. Este afluente, que antaño fue una fuente vital de agua potable, hoy está gravemente contaminado debido a la descarga de aguas residuales sin tratamiento adecuado. Pese a que existen estudios y proyectos orientados a su recuperación, estos no han contado con la financiación ni la voluntad política suficientes. La recuperación del río Tejo no solo es un asunto ambiental, sino también de salud pública y dignidad urbana.


En el sector empresarial, las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPymes), que constituyen el grueso de la economía local, enfrentan retos considerables. La informalidad, la falta de acceso a tecnologías limpias y la escasa capacitación limitan sus posibilidades de desarrollar modelos sostenibles. Es urgente fomentar la educación financiera, la innovación empresarial y la cultura del reciclaje en este segmento. Incentivar el uso eficiente de los recursos y promover certificaciones de sostenibilidad puede ser una vía para aumentar su competitividad y su responsabilidad social.


En el ámbito rural, iniciativas como la distribución de estufas ecoeficientes en comunidades campesinas también merecen destacarse. Estos dispositivos no solo reducen el consumo de leña y las emisiones de carbono, sino que también mejoran la calidad del aire en los hogares, lo que tiene un impacto directo en la salud de las mujeres y niños, principales afectados por el humo en viviendas tradicionales.


Además, el rol de la educación ambiental es fundamental en este proceso. Las instituciones educativas locales deben integrar de manera más decidida contenidos sobre sostenibilidad, cambio climático, protección del agua y conservación de la biodiversidad. Es en las aulas donde se forma la conciencia crítica y el compromiso ciudadano que harán posible una Ocaña más verde y justa. Existen ya programas piloto en algunos colegios rurales, pero es necesario que la educación ambiental se convierta en política pública sostenida.


Finalmente, no se puede hablar de sostenibilidad sin mencionar la participación ciudadana. Las juntas de acción comunal, colectivos ambientales y organizaciones juveniles deben ser actores centrales en la formulación y ejecución de proyectos sostenibles. La sostenibilidad no es solo una tarea del Estado o del sector privado, sino un pacto colectivo que requiere corresponsabilidad. Espacios como cabildos verdes o presupuestos participativos podrían fortalecer este compromiso desde la base.


En conclusión, Ocaña tiene el potencial, los recursos y una comunidad cada vez más consciente de la necesidad de proteger su entorno. Pero aún queda mucho por hacer. Es momento de convertir la sostenibilidad en un principio rector de las decisiones públicas, privadas y personales. Solo así, esta ciudad podrá garantizar un futuro digno para sus habitantes y convertirse en referente de desarrollo responsable en el nororiente colombiano.

 
 
 

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