Nuestra Reforma Laboral: la dieta de nunca comenzar
- Political Society

- 16 may 2025
- 4 Min. de lectura
Carolina Zequeira

En Colombia, hablar de Reformas es como hablar de dietas: todos saben que se necesitan, pero cuando llega la hora de aplicarlas, hay peros. La Reforma Laboral no es la excepción, promete contratos dignos, sueldos justos y derechos blindados, pero entre empresarios asustados, políticos en guerra y economistas pronosticando el apocalipsis laboral, parece más difícil conseguir trabajo sin "palanca".
Si hay algo que les encanta a los colombianos, además del café y las novelas, son las promesas de Reformas que terminan en el limbo y desafortunadamente la Comisión Séptima del Congreso votó por la ponencia de archivo para la Reforma Laboral, que llegó con la noble intención de formalizar el empleo, garantizar derechos y, en general, hacer del trabajo un paraíso… o al menos un infierno, pero con aire acondicionado.
Con esta columna no pretendo hacer un tratado sobre economía ni convencer a nadie de que la Reforma Laboral es la salvación o el desastre absoluto; lo que quiero es generar un pensamiento crítico, con algo de humor y bastante realidad porque hay dos caras de la moneda: los puntos clave de esta propuesta y lo que realmente podría significar para trabajadores y empleadores. Inicio con uno de los más llamativos para mí como estudiante, la idea de que los aprendices o practicantes tengan contratos a término fijo y así poseer derecho a las prestaciones sociales y beneficios propios de un empleado; O sea, ¡al fin! una victoria para los estudiantes explotados que trabajan por un auxilio que ni para el transporte les alcanza. Pero, seamos realistas: con esta nueva carga, muchas empresas podrían optar por eliminar las plazas de práctica y cambiar el tradicional “necesitamos un practicante” por “necesitamos a alguien que haga el trabajo de tres empleados, pero gratis”.
Luego tenemos el recargo salarial por trabajar extras, domingos y festivos, aunque actualmente es de 75% aumentaría en 2025 un 80% y para el 2026 el 100% lo que seguro haría felices a los trabajadores... si es que todavía tienen empleo después de que las empresas decidan mejor no abrir en esos días; o que dicen de la formalización de 60 mil madres comunitarias que hacen parte del trabajo doméstico, sustitutas y trabajadoras de hogares infantiles sin dejar de lado a operadoras de alimentos, transportistas y trabajadores del agro; porque claro, nada dice "seguridad laboral" que un decreto, pero ¿realmente habrá fiscalización o solo quedará sobre las mesas mientras miles siguen en la informalidad?
Entre las joyas de este diseño también está la reducción de la jornada laboral de 48 a 42 horas semanales, ¡una gran noticia! si no fuera porque muchos empleados ya trabajan más horas de las que deberían sin ver un peso extra. ¿De qué sirve un horario reducido si la carga laboral sigue intacta y el "quédate un ratico más" sigue siendo norma no escrita? Y, por último, el aumento de la licencia de paternidad: de dos semanas a 8, luego 10 en 2025 y 12 en 2026. Un gran avance… si no fuera porque muchos empleadores ya ven la maternidad como una "complicación" al contratar, ahora también les harán mala cara a los futuros papás.
Causas y consecuencias: ¿Quién gana y quién pierde?
¿Por qué esta Reforma ha tenido más obstáculos que un ciclista en Bogotá? Primero, porque el sector empresarial ve la iniciativa con la misma emoción con la que un gato ve el agua: con ganas de huir; subir costos laborales puede traducirse en menos contrataciones y más despidos, y si el empleo formal ya es un lujo, imaginen después de esta propuesta. Ahora bien, los contratos serian en su mayoría a términos indefinidos excepto para trabajadores temporales, ya que van a bajarle a la contratación por prestación de servicios y se lee hermoso en el papel, pero en la realidad muchas empresas están más dispuestas a contratar fantasmas que empleados con estabilidad.
El Banco de la República también se pronunció advirtiendo que “podría destruir más de 450. 000 empleos formales, ya que genera sobrecostos para las empresas y no contrarresta la informalidad”, lejos de mejorar el empleo, esto podría reducirlo. Sí, porque si a los empresarios les das la opción entre contratar con más cargas o reducir personal, no lo piensan dos veces.
Y el Congreso... bueno, el Congreso hace lo suyo: discutir hasta el cansancio, archivar, desempolvar y, cuando no hay consenso, posponer hasta nuevo aviso. Porque nada grita “eficiencia” como un proyecto que da vueltas eternas sin resolverse.
¿Esperanza o resignación?
Pienso que la Reforma Laboral, como muchas otras, está en esa etapa incierta donde o se convierte en una realidad o se desinfla como un globo en diciembre. ¿Será que esta vez sí se piensa en todos los actores, o solo estamos viendo otra jugada política?
Al final, la gran pregunta es: ¿queremos una Reforma Laboral que realmente funcione, o solo una que suene bonito en campaña? Porque una cosa es prometer trabajo digno, y otra muy distinta es lograr que el empleo no se convierta en un lujo inalcanzable. Como decía Albert Einstein: "Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo."
Y ahora, querido lector: ¿necesitamos una Reforma Laboral, o una Reforma a la manera en que se hacen las Reformas?
Y ahora, querido lector: ¿necesitamos una Reforma Laboral, o una Reforma a la manera en que se hacen las Reformas?




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