Los derechos humanos ya no importan
- Political Society

- 15 may 2025
- 2 Min. de lectura
Por: Cleiberson Pacheco

Algo se rompió. No de ahora, pero sí con más fuerza en estos últimos años. Vivimos tiempos en los que hablar de derechos humanos parece molestar. Como si fuera un lujo de ingenuos, una idea bonita pero incómoda, una especie de estorbo moral frente a los intereses “más importantes” del mundo: el poder, el control, la guerra, el dinero.
Hoy, cuando se bombardean hospitales, cuando se encierra a quien protesta, cuando se niega agua, pan, salud y educación a millones de personas, la respuesta global es casi siempre la misma: un comunicado tibio, una excusa política o peor, el silencio. Lo grave es que ya ni nos escandalizamos. Se ha vuelto normal ver niños muertos en noticieros, desplazamientos masivos convertidos en cifras, violencia estatal justificada como “necesaria” y derechos básicos convertidos en privilegios. Y lo permitimos. Peor aún: lo olvidamos.
Los derechos humanos están siendo abandonados porque ya no son rentables. Porque en un mundo gobernado por el cálculo, la economía de guerra y las alianzas de conveniencia, defender a los vulnerables no genera votos, ni poder, ni dividendos. Se habla de democracia mientras se reprimen voces. Se invoca la libertad mientras se vigila y se censura. Se firma la paz mientras se financia el conflicto. Es una hipocresía descarada, pero sostenida por un sistema que aprendió a vestirse de legalidad mientras practica la injusticia.
Y en medio de todo eso, el ciudadano común se ha vuelto espectador. Estamos anestesiados. Compartimos una publicación, decimos “qué horror”, y seguimos con nuestra vida. Nos volvimos inmunes a la indignación. Como si la tragedia ajena no nos tocara. Como si fuera inevitable. Como si no fuera nuestra responsabilidad exigir, gritar, actuar.
Pero no. No es inevitable. La dignidad no es una idea pasada de moda. Los derechos humanos no son una opción. Son el mínimo. Lo esencial. Lo humano. Y si seguimos permitiendo que se pisoteen, lo que perdemos no es solo justicia para otros, sino la posibilidad de reconocernos en la humanidad de todos. Si no defendemos los derechos humanos hoy, tal vez mañana no tengamos ni el derecho a exigir que nos escuchen.
Es momento de dejar de mirar hacia otro lado. Porque si algo debería escandalarnos, es que nos estemos acostumbrando a vivir sin derechos… y sin memoria.




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