¿Los alimentos modificados genéticamente: solución o riesgo para la salud?
- Political Society

- 13 oct 2025
- 3 Min. de lectura
Por Mariana Marcela Chinchilla.

En el mundo actual, los alimentos genéticamente modificados o “transgénicos” aparecen como una luz en medio de una sobrepoblación mundial, pero también como un antagonista para la salud, según varios expertos.
Antes de hablar sobre los beneficios o problemas del consumo de estos alimentos, primero debemos saber qué son: los transgénicos son organismos vivos que han sido creados en laboratorios a través de la manipulación genética. En el caso de los alimentos transgénicos, se han creado o modificado plantas y animales que contienen genes de otras especies con el objetivo de mejorar su calidad, resistencia a enfermedades y plagas o su rendimiento.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), una de las instituciones más importantes en cuanto a la regulación de la salud y el bienestar de las personas, tiene una postura muy clara sobre el uso de estos alimentos en la vida diaria: si se utilizan de manera segura y responsable, pueden ser beneficiosos para la sociedad. La OMS ha aclarado que los alimentos transgénicos son seguros para el consumo, siempre y cuando se hayan realizado los estudios necesarios para evaluar su seguridad y se hayan obtenido los permisos correspondientes para su venta libre.
Los beneficios
Uno de los argumentos más comunes a favor de estos alimentos es su capacidad para aumentar la productividad agrícola y mejorar la seguridad alimentaria. Los cultivos modificados pueden resistir plagas, enfermedades, sequías o condiciones de suelo poco favorables, lo que permite mayores rendimientos con menos pérdidas. Esto es clave en regiones donde la malnutrición es grave y donde el acceso a alimentos frescos es irregular.
Además, los alimentos transgénicos ofrecen la oportunidad de mejorar el valor nutricional de los productos. Un caso popular es el “arroz dorado” (Golden Rice), modificado para producir el pigmento antioxidante betacaroteno, un precursor de la vitamina A, cuyo déficit puede causar ceguera infantil. También hay cultivos resistentes a plagas, lo que puede reducir la cantidad de pesticidas químicos necesarios. Menos plaguicidas pueden traducirse en menores residuos tóxicos en los alimentos y en menor exposición de los trabajadores agrícolas y del medio ambiente.
Por ejemplo, se ha reportado que, desde 1996 hasta 2018, el uso global de pesticidas se redujo aproximadamente un 8,3 %, en parte gracias al uso de estos cultivos, según el Foro Económico Mundial.
Los riesgos
Uno de los mayores temores con estos alimentos transgénicos es la posibilidad de alergias o reacciones adversas nuevas. Cuando se inserta un gen de otra especie, puede producirse una proteína que algunos organismos humanos no logren tolerar. Hasta ahora, los productos pasan por pruebas de alergenicidad antes de salir al mercado, pero esto no garantiza que no haya reacciones imposibles de prever al ser modificados.
También está la cuestión de posibles casos de cáncer o su relación con enfermedades crónicas. Aunque muchos organismos como la OMS sostienen que no hay evidencia concluyente de que los alimentos modificados disponibles incrementen el riesgo de cáncer o causen cambios genéticos en humanos, persisten dudas por la falta de estudios a largo plazo.
Otra preocupación relacionada es la resistencia a antibióticos: algunos procesos de modificación utilizan genes de resistencia, lo que, en teoría, podría facilitar que esos genes se transfieran a bacterias en el ambiente o en la microbiota humana. Además, aunque la reducción de pesticidas es un beneficio reportado, en algunos casos los cultivos resistentes a herbicidas conllevan un uso mayor de estos últimos. Esto puede aumentar la exposición a sustancias cuyas consecuencias para la salud aún no se conocen completamente, como el glifosato.
Lo importante no es caer en extremos: no satanizar los alimentos transgénicos ni aceptarlos sin pensar antes de consumirlos. Hay evidencia científica sustancial de que muchos alimentos modificados genéticamente disponibles hoy son seguros, tienen beneficios reales en contextos de escasez y pueden ayudar a reducir la malnutrición y la dependencia de químicos agrícolas.
Sin embargo, las falencias en el conocimiento, especialmente sobre los efectos a largo plazo, las interacciones con otros factores ambientales y genéticos, y los posibles impactos sobre la biodiversidad y la resistencia a plaguicidas demandan precaución. Políticas de regulación efectivas, etiquetado obligatorio, estudios independientes y vigilancia son imprescindibles.
Los alimentos genéticamente modificados constituyen un as bajo la manga poderoso. En muchas situaciones pueden salvar vidas, mejorar la nutrición y hacer la agricultura más sostenible. Pero, como toda herramienta, acompañarlos con responsabilidad es crucial. La salud humana debe ser prioridad, y eso implica asegurar que estos alimentos se desarrollen, regulen y utilicen de forma que prioricen la ciencia y la ética. Al final, no se trata solo de si pueden ser buenos, sino de decidir si vamos a permitir que lo sean con seguridad para todos.







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