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La cultura en sentido de costumbre

Por Juan Diego Gallardo


¿La cultura nos impide avanzar?


En muchos escenarios se usa el termino de “cultura” para hacer referencia a las costumbres, comportamientos que son las verdaderas limitantes para construir y avanzar en sociedad.


Es un contexto social y verídico que abarca un sinfín de realidades, problemáticas y actuaciones en los espacios donde nos desarrollemos como persona o ciudadano con deberes y responsabilidades dentro del territorio nacional. Muchas actuaciones se vuelven tan repetitivas que, comienzan a tornarse hacia el ideal de la normalidad y deja en evidencia cómo nuestra forma de actuar y pensar alimenta el desnivel social con el que se convive, comenzando a normalizar las desigualdades.


En Colombia, y en la mayoría de los países colonizados, sus habitantes viven y se adaptan a realidades que desequilibran el tejido social y el objetivo común que se tiene o debería tenerse como sociedad. Esto revela cómo una mentalidad colectiva entorpece y retrasa la estabilidad y desarrollo del conglomerado social, dándose espacios para construir y avanzar de manera progresiva en algunos casos y nula en otros.


Cuando me refiero a la cultura en sentido de costumbre, es para entender cómo esta nos revela y nos posiciona en el momento que nosotros como personas o como sociedad logramos estar, siendo consecuencia de nuestro actuar. Y no solo se puede observar dentro de los espacios más mencionados o resonados en cualquier lugar, como lo es la política, en la que se abarcan diversidad de temas; sino, empezando desde el nivel personal, en cómo nos relacionamos o nos acercamos a las personas cercanas de nuestro entorno, donde frases como “el vivo vive del bobo” prevalece sobre un acto de afecto y familiaridad para lograr un interés particular; en cómo la sociedad globalizada impone pensamientos de necesidad intrusiva, lo que refuerza las prácticas y comportamientos que hacen fortalecer la vulnerabilidad de unos a otros, donde todo se mide en dinero y no en lo que soy; y no digo que este mal, porque cada quien busca superar la realidad en la que esté y vivir una vida en plenitud en lo que le hace feliz, pero no debe ser razón para perder la felicidad del presente por anhelar un contexto ajeno y que esto conlleve a que tu pensamiento y necesidad particular, sobrepase el valor de los demás y vulneres su realidad o sus derechos.


Con estas ideas, reconozco y debemos reconocer que no solamente nos encontramos atravesando problemas políticos y económicos porque sí, sino que todo parte del pensamiento cultural que tenemos arraigado a nuestra personalidad.  Es esa la cultura de la frase “sálvese quien pueda”, la cultura que impide la construcción de una colectividad hacia proyectos de desarrollo real.

  

Considero, que seguiremos conviviendo en la sociedad de la esperanza, con la idea de que algo cambiará, si no tomamos acción sobre nuestras costumbres. 

 
 
 

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