Inteligencia Artificial: ¿Revolución tecnológica o amenaza ambiental?
- Political Society

- 7 abr 2025
- 2 Min. de lectura
Por: Oscar Gamboa

Últimamente, cada vez que se menciona la inteligencia artificial (IA), parece que estamos hablando del futuro brillante que todos soñamos: máquinas que escriben por nosotros, que dibujan en segundos, que resuelven problemas complejos y hasta nos hacen la vida más fácil. Pero hay algo que no se dice tanto y que deberíamos empezar a poner sobre la mesa: el impacto ambiental que está dejando esta tecnología, en especial, el altísimo consumo de agua que implica.
Sí, agua. Ese recurso que tanto cuidamos en casa cerrando la llave cuando nos cepillamos los dientes, o que ahorramos cuando llueve y sacamos el balde para regar las matas. Resulta que la IA, que muchos ven como el cerebro del futuro, también necesita “hidratarse.” Y no con un vaso, sino con millones de litros al año.
¿Cómo así que la IA usa agua? Pues resulta que, para funcionar, los centros de datos (esos enormes edificios llenos de servidores que hacen posible que ChatGPT, Gemini, Google y todas estas maravillas tecnológicas existan) se calientan muchísimo. Y para evitar que se quemen, necesitan sistemas de enfriamiento, los cuales usan grandes cantidades de agua. No basta con prender un ventilador; se trata de un proceso industrial en el que el agua es vital para que todo no se venga abajo.
Por ejemplo, un estudio reciente reveló que, para entrenar una sola IA, se pueden consumir hasta 700 mil litros de agua. Eso equivale a lo que usa una persona promedio en todo un año. Y ojo: estamos hablando de una sola IA. Imaginen si sumamos todas las que hay y las que vienen en camino.
Pero el asunto no es solo de números. Es un llamado a reflexionar sobre hacia dónde vamos como sociedad. ¿Queremos un mundo lleno de tecnología brillante pero con ríos secos y comunidades sin agua? ¿Queremos seguir creando cosas impresionantes sin pensar a quién o a qué estamos afectando en el camino?
En zonas como América Latina, y especialmente en regiones rurales como muchas en Colombia, la escasez de agua es una realidad diaria. Para muchas comunidades campesinas, conseguir agua potable ya es un reto. ¿Cómo se explica que, mientras una abuela tiene que caminar kilómetros para llenar un balde, una empresa tecnológica esté usando millones de litros para entrenar un modelo que “hace dibujitos como el Studio Ghibli”, famoso estudio japonés de animación?
La intención aquí no es demonizar la tecnología. La IA tiene un enorme potencial para resolver problemas ambientales, optimizar recursos, mejorar la educación, la salud y muchos otros aspectos. Pero, si no la desarrollamos con conciencia y responsabilidad, podemos terminar cavando nuestra propia tumba. Por eso, esta conversación debe ser parte de nuestras decisiones como ciudadanos, como consumidores, como estudiantes o trabajadores. ¿Qué tanto necesitamos que todo sea automático? ¿Podemos exigirle a las empresas tecnológicas más transparencia sobre el uso de recursos naturales? ¿Es posible desarrollar IA sostenible?
Ya hay propuestas que apuntan en esa dirección, como lo es utilizar fuentes de energía renovable para los centros de datos, reutilizar el agua, o incluso descentralizar el procesamiento para que no esté concentrado en gigantes tecnológicos. Pero estas soluciones necesitan voluntad política, conciencia ciudadana y presión colectiva. Si no decimos nada, seguirán entrenando IA, mientras nosotros nos quedamos sin agua para educar a nuestras propias generaciones.




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