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Innovación educativa: una asignatura pendiente en Colombia

Por Ana María Llanes




Ya no sirve llenar un aula académica con cuarenta estudiantes para que todos aprendan de ecuaciones, cuando en ese mismo espacio existen habilidades artísticas, sociales, de lenguas y muchas más, que desarrolladas, permiten a este escoger el camino para lo cual sus capacidades están hechas. Picasso, no conocía de fórmulas de la física y Einstein no era un gran dibujante. 


La meta principal de la educación es crear hombres que sean capaces de hacer cosas nuevas, no simplemente de repetir lo que otras generaciones han hecho; hombres que sean creativos, inventores y descubridores. Así fue como Jean Piaget, importante psicólogo suizo del siglo XX, describió el objetivo que tiene la educación en la sociedad y logra revolucionar el modelo educativo. 

A partir de esto entendemos que la educación es la herramienta más relevante que tiene el hombre para adaptarse y así mismo evolucionar. Sin embargo, este aporte de Piaget se realizó en el siglo pasado y para esta nueva era no logra entenderse, al punto de que en pleno siglo XXI, la era de la tecnología y el avance, en países como Colombia, aún se imparten modelos educativos basados en sociedades pasadas, con necesidades pasadas. 

En este país la incorporación de herramientas tecnológicas y métodos de enseñanza innovadores ha sido limitada. Durante la pandemia de COVID-19, esta deficiencia quedó al descubierto, cuando millones de estudiantes no pudieron acceder a clases virtuales por la falta de conectividad y equipos adecuados. Este episodio demostró que el país está muy lejos de garantizar una educación inclusiva y equitativa. Además, la innovación no solo debe enfocarse en el uso de la tecnología, sino también en los métodos pedagógicos. 

Nuestro modelo educativo es una combinación de influencias desde el constructivismo de Piaget hasta las recomendaciones de organizaciones internacionales como la UNESCO, pero, ¿es solo eso lo que se necesita para desarrollar un modelo autóctono que se base en la realidad y en las necesidades de nuestra sociedad? Pues no, Colombia necesita un estudio profundo y real que nos permita identificar las necesidades y la diversidad, para desde ahí emprender en un modelo educativo adaptado a lo que somos, un país rico en culturas, pensamientos, habilidades y con una historia única. 

Ya basta de horas de religión donde el niño y el joven ni siquiera reconocen las bases históricas de la religión que profesan, cuando lo que se necesita es fomentar un pensamiento crítico que le permita elegir en que creer. Es hora de promover la verdadera importancia del aprendizaje de nuestra lengua castellana, no solo en periodos históricos que, enseñados a través de exposiciones largas, solo aburren al joven. Necesitamos desarrollar modelos de educación de las lenguas extranjeras más importantes que vayan más allá del verbo “to be”. Es fundamental un modelo educativo que le enseñe al niño a conocer la historia de su territorio, y que al joven lo oriente a adaptarse a la nueva era que lo espera en el mundo laboral. 

Pero más allá de todo, es de suma importancia reconocer las habilidades personales y fomentar el desarrollo de estas, porque ya no sirve llenar un aula académica con cuarenta estudiantes para que todos aprendan de ecuaciones cuando en ese mismo espacio existen habilidades artísticas, sociales, de lenguas y muchas más, que desarrolladas permiten a este escoger el camino para lo cual sus capacidades están hechas. Picasso, no conocía de fórmulas de la física y Einstein no era un gran dibujante. 

Colombia podría beneficiarse de modelos más flexibles, donde los estudiantes puedan desarrollar habilidades prácticas, pensamiento crítico y creatividad. El sistema educativo actual, con su enfoque tradicional y centrado en la memorización, necesita renovarse para estar alineado con las necesidades del siglo XXI. El modelo tradicional fue adaptado para un contexto histórico diferente al que vivimos el día de hoy. Es necesaria la reflexión de que 12 a 14 años de estudio para obtener el título de bachiller académico o técnico deberían ser más aprovechables para que en los años venideros que forman profesionales, estos puedan elegir un camino de acuerdo a sus habilidades y capacidades, siendo este la base de un sistema laboral más amplio y equitativo.


 
 
 

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