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El deporte en Colombia: entre la pasión y el olvido estatal

Por: Adriana Bayona


En Colombia, el deporte es mucho más que una actividad física o una forma de entretenimiento. Es una manifestación cultural, una vía de escape, una herramienta de transformación social y, para muchos jóvenes, la única alternativa viable frente a la falta de oportunidades. Sin embargo, esta importancia contrasta de manera escandalosa con el abandono institucional y la precariedad del sistema deportivo nacional.


En cada esquina de este país se respira fútbol, se corre en ciclas, se baila como forma de entrenamiento, se improvisan canchas en barrios populares, y se levantan sueños con raquetas, guantes, o cronómetros en mano. Pero mientras nuestros deportistas se esfuerzan por representar con dignidad a Colombia en escenarios internacionales, el Estado parece mirar hacia otro lado. Las historias de atletas que deben rifar sus uniformes, entrenar con equipos obsoletos o competir sin apoyo económico son más comunes de lo que deberían.


No se trata solo de falta de recursos, sino de una visión miope del deporte como política pública. El deporte no puede ser entendido únicamente como espectáculo o como una estrategia para mejorar la imagen del país cuando ganamos una medalla olímpica. Debe ser parte integral del desarrollo social. Invertir en deporte es invertir en salud, educación, prevención de la violencia, cohesión social y dignidad humana.


Y no, no todo es fútbol, aunque así lo parezca. Si bien el fútbol es el deporte rey, disciplinas como el atletismo, el boxeo, la natación, el patinaje o el ciclismo han dado más logros y medallas a Colombia que la misma Selección. Pero siguen siendo tratados como deportes de segunda, con presupuestos limitados y sin una estrategia clara de crecimiento.


Además, es imposible hablar del deporte en Colombia sin mencionar la desigualdad territorial. Mientras en algunas ciudades capitales existen centros de alto rendimiento y apoyo institucional más robusto, en las regiones apartadas donde paradójicamente nacen muchos de nuestros mejores atletas,no hay infraestructura, entrenadores capacitados ni seguimiento adecuado. El talento existe, pero se desperdicia por falta de oportunidades. ¿Cuántos campeones potenciales se pierden cada año por no tener una pista decente donde entrenar, o porque deben elegir entre alimentarse o seguir practicando su disciplina?


Por eso, urge una política pública que no solo financie eventos puntuales, sino que construya una base sólida desde la niñez: escuelas deportivas, acompañamiento psicológico y nutricional, acceso equitativo a escenarios, y una verdadera carrera profesional para los entrenadores y gestores deportivos. Colombia tiene con qué ser una potencia, no solo en fútbol o ciclismo, sino en muchas otras disciplinas. Pero para lograrlo, el deporte debe dejar de ser visto como un lujo o una vitrina, y empezar a ser tratado como lo que realmente es: un derecho y una herramienta poderosa de transformación social.


Es hora de que dejemos de romantizar el sacrificio de nuestros deportistas y empecemos a cuestionar por qué tienen que pasar por tanto para lograr tan poco respaldo. No deberíamos aplaudir que una atleta entrene con zapatos rotos o que un equipo viaje en condiciones precarias, sino exigir que tengan las condiciones dignas que merecen. El talento colombiano no necesita más héroes individuales que se forjan en la adversidad, necesita un sistema que crea en ellos desde el principio. Porque cuando el país realmente apoya a sus deportistas, no solo gana medallas, gana dignidad.

 
 
 

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