Derechos humanos… ¿o humanos sin derechos?
- Political Society

- 15 may 2025
- 3 Min. de lectura
Por: Roman Torres

En pleno 2025 se cree con certeza que la sociedad está “avanzada” y que, dentro de este avance, las personas son libres de hacer y ser lo que cada uno quiera o se proyecte. Esta sociedad “avanzada” nos encapsula en el hecho de vivir una línea de tiempo acorde a nuestros impulsos y deseos, los cuales son protegidos (y que al mismo tiempo nos protege como individuos en el mundo) por los derechos humanos y que también son impulsados por las redes sociales. Esto abre un abanico de posibilidades a las personas de incidir en el mundo a diferentes escalas y ver en él las consecuencias de sus actos. Sin embargo, todo está disfrazado por algoritmos y vigilancia constante.
Cuando somos usuarios de nuestros celulares, entregamos gran parte de toda nuestra vida, almacenamos información que llega a ser hasta vital y que, al perderla o ser robada, esto podría generar un gran cambio, para bien o para mal. Algunos creen que, porque usan contraseñas, ya están protegidos. ¡Pues no! Todos los días siempre nos observan, todos los días estamos expuestos y es ahí donde se ven vulnerados nuestros derechos humanos. ¿Acaso seguimos siendo aquellas personas que pensaban de forma libre y vivían la vida a plenitud o ahora somos simples borregos que se ven controlados por unas pequeñas pantallas?
Con el auge de la tecnología y las comunicaciones, la gran mayoría de las cosas que pasan se saben, e incluso actos inhumanos como las guerras, el racismo, la violencia de género, la violencia infantil, etc., son mostrados de una forma que parece ya estructurada y lista para ser distribuida al público. Tal vez como entretenimiento, tal vez como denuncias o tal vez como simple muestra de que el mundo es muy cruel y que llega a ser tan aterrorizante que muchas personas sufren, todo el tiempo, en todas partes: la crisis humanitaria en Gaza y Palestina, la dictadura en Venezuela y la migración forzada por la violencia a causa del narcotráfico en Colombia. Esto realmente no puede seguir así. No podemos seguir viralizando esta clase de contenidos, así como no debemos exponer nuestras vidas frente a los demás y menos frente a grandes corporaciones que quieren nuestros datos para vendernos más productos o vendernos a nosotros como producto.
Entonces, ¿dónde están realmente los derechos humanos? Yo creo que en ninguna parte. Las personas nos hemos vuelto insensibles ante la malicia, ante lo dañino, y no nos importa ser parte de eso: al observarlo, al compartirlo, al no denunciarlo. Esto nos hace incluso cómplices de aquello que sucedió y que se perdió en el tiempo, ya que algo nuevo salió justo ahora.
Ya no basta con decir “me afecta” o “me conmueve”. La empatía no puede quedarse en un comentario que se pierde entre miles. El hecho de defender los derechos humanos implica actuar, implica elegir no ser parte del ruido ni del silencio. Implica también proteger nuestra privacidad, cuestionar lo que consumimos y entender que, detrás de cada video viral, puede haber un sufrimiento real, una injusticia que existe más allá del “me gusta”.
La humanidad necesita más que espectadores. Necesita voces críticas, acciones responsables, empatía activa, porque si los derechos humanos no están en nuestra forma de habitar el mundo y en la manera en que tratamos al otro… entonces no están en ninguna parte.




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