¿De quién es la culpa?
- Political Society

- 17 mar 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 19 mar 2025
Por: María Fernanda Torres

La atención del país y de los medios de comunicación sigue en la lupa, en una de las regiones más ricas de Norte de Santander. Hasta para alguien que vive debajo de una piedra conoce que el Catatumbo es un polvorín en llamas actualmente. Lo que antes se conocía como una región amplia en diversidad, se ha convertido en el escenario principal de dos grandes grupos de delincuencia organizada, el ELN y las disidencias anteriormente conocidas como FARC.
Esto no es de engañarse, el conflicto parte del control y apropiación de territorio, quién se queda con las rutas de frontera y el doloroso y conocido negocio de la coca; por lo que la atención del gobierno debería enrutar a la recuperación de territorio, a las garantías de los desplazados para volver a su lugar de origen, a la devolución de un orden público y ya después, a la elaboración de proyectos que mitiguen la producción y exportación de esta droga; primeramente, hay que devolverle el Catatumbo a sus habitantes.
Hoy hace 52 días que se declaró estado de conmoción interior en el país, un estado que, hasta la actualidad, no ha cambiado para nada la diferencia. 91.879 personas han sido afectadas según el último informe de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitario de la ONU, 56.741 personas han sido desplazadas a los municipios de Teorama, El Tarra, Tibú, Ocaña y Cúcuta, ¿Y las medidas de protección a víctimas para cuándo?
Aquí no existe ninguna circunstancia que no pudiese ser medida, nada que todo el país no supiese desde hace dos años atrás, las instituciones estaban informadas sobre lo que venía, ¿Qué más se necesitaba para que comenzasen a tomarse medidas de prevención? ¿O acaso no dimensionaban las consecuencias de la falta estatal?
A inicios de la firma del Pacto Social para la Transformación Territorial del Catatumbo, se pretende llevar a cabo todos sus componentes: “Seguridad y presencia del Estado, desarrollo económico y sustitución de cultivos ilícitos, educación y fortalecimiento comunitario, protección del medio ambiente, acuerdos de cooperación internacional” muy parecido al programa “Misión Cauca” donde el protagonista era El Plateado y que, de este programa, solo quedó frustración y olvido.
El gran temor de la población que duermen en albergues, plazas, coliseos y de los que no pudieron salir de la guerra, es que el Catatumbo corra con la misma suerte. El territorio ha mostrado desde el 2002, un cansancio de promesas incumplidas, reclama acciones concretas y urgentes. Mientras que el gobierno y organismos internacionales debaten estrategias detrás de una mesa, la gente sigue huyendo y muriendo, encarcelada en un conflicto que obliga a no dar el brazo a torcer.
Los proyectos sociales y de infraestructura en el Catatumbo siguen siendo una deuda pendiente. El 68% de su población vive en pobreza y eso, sumado al desplazamiento, vuelve cada vez más difícil superarla, la única alternativa para construir un plan de vida digno dentro de un territorio inundado de estas dos crecientes, es el cultivo y fabricación de productos ilícitos a base de coca y no, no solo lo dice alguien que ha vivido 22 años en municipios del Catatumbo; sino, que los refuerzan los datos del material de afectación al narcotráfico que han sido incautados desde que comenzó esta emergencia humanitaria. Entonces, ¿La coca ha llenado el vacío de padre ausente del gobierno en la vida de los campesinos que necesitan sacar a sus familias adelante? Si efectivamente se busca una solución, es necesario que se ejecute realmente el Pacto Social ya propuesto. Sin eso, la paz será solo un discurso de política electoral mientras las balas siguen silenciando cualquier esperanza.
El Catatumbo no merece lo que a diario sucede en El Plateado, Cauca; ninguna región con verdadera presencia estatal pasaría por esto. Si el gobierno quiere que su política de "Paz Total" no sea un fracaso más, debe cambiar su enfoque. De lo contrario, la región seguirá siendo el espejo de un país donde la guerra, sigue dictando las reglas del juego y la emergencia que hoy se vive, no será ni la cuarta parte de la que vendrá.




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