COP30: Cuando la Amazonía habla y los gobiernos no escuchan.
- Political Society

- 16 nov 2025
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Por Janny Ovallos Becerra

La COP30 llegó envuelta en un halo simbólico casi perfecto: por primera vez, la mayor cumbre climática del planeta se realizaba en pleno corazón de la Amazonía, esa selva que todos admiran, fotografían y defienden… pero que muy pocos protegen de verdad. Belém se convirtió en la sede de miles de líderes que discutieron sobre futuro, sostenibilidad y justicia climática. Y mientras tanto, a pocos kilómetros, el gobierno anfitrión seguía impulsando proyectos petroleros en uno de los ecosistemas más frágiles del mundo.La contradicción no es sólo evidente: es escandalosa.
Por otro lado, el Presidente Luiz Inácio Lula da Silva llegó a la COP30 promovido como el gran defensor de la Amazonía. Sus discursos llamaron a la unidad internacional, al compromiso y a la “transición justa”. Pero esos mismos días, su gobierno avanzaba en la autorización y subasta de bloques petroleros en la Foz do Amazonas, una zona que científicos e indígenas consideran vital para la biodiversidad y la estabilidad climática regional, incluso global, el Amazonas es el pulmón del mundo.¿Cómo se puede recibir al mundo para hablar de cambio climático mientras se impulsa una nueva era de extracción fósil en la selva?
Lula argumentó que Brasil “no puede ignorar la riqueza bajo sus pies y elegir no explorarlo” y que el petróleo sería usado para financiar energías limpias. Pero la lógica es la misma de siempre: primero explotar, luego compensar. Y ese modelo (que ya nos trajo hasta aquí) no es transición, es repetición.
Por otro lado, uno de los avances más llamativos de la COP30 fue la primera Declaración Global sobre Integridad Informativa, un hito que reconoce por fin que la lucha climática también es una lucha contra la desinformación. Y sí, en un mundo saturado de discursos fabricados, noticias manipuladas y greenwashing institucional, era un paso necesario.
Pero aquí surge la gran pregunta: ¿Cómo puede liderar esa declaración un gobierno que sostiene discursos climáticos mientras impulsa proyectos que los contradicen?
La desinformación climática no solo son fake news de grupos negacionistas; también es una mezcla peligrosa de retórica verde y decisiones negras. Cuando un país promete protección ambiental en un escenario internacional, pero promueve el petróleo en casa, pierde credibilidad.La integridad informativa empieza por la coherencia política, no por los comunicados de prensa.
Cada año, las COP prometen mucho, anuncian un poco y transforman casi nada. La COP30 no fue la excepción. Hubo avances narrativos, compromisos voluntarios, discursos inspiradores y análisis profundos. Pero los números (esos que no se maquillan con storytelling ambiental) dicen otra cosa: Las emisiones globales siguen aumentando; la extracción de combustibles fósiles no disminuye; crece; la financiación climática para el Sur Global sigue siendo insuficiente; los acuerdos no son vinculantes y los que lo son, se cumplen a medias.
Las COP han sido importantes en crear lenguaje, presión social y visibilidad. Pero en términos de transformación estructural, todavía están muy lejos de producir el cambio que anuncian.La pregunta incómoda es inevitable: ¿Se están convirtiendo estas cumbres en grandes escenarios de diplomacia ambiental simbólica más que en motores reales de cambio?
Si hubo un sector que habló con fuerza en la COP30 fueron los pueblos indígenas de Brasil y de toda la cuenca amazónica. Sus mensajes fueron directos: proteger la Amazonía no es un acto simbólico, es una cuestión de supervivencia.
Ellos se hicieron notar y manifestaron la prohibición total del petróleo en la Amazonía, exigieron respeto a los territorios y consultas previas reales y mencionaron que sin los pueblos indígenas, la selva estaría mucho más cerca del colapso.A pesar de su protagonismo discursivo, las decisiones finales de la COP no reflejaron verdaderamente sus demandas. Una vez más, se escuchó a los pueblos indígenas para la foto, para el discurso, para la cuota de representatividad, pero no para el texto final ni para las políticas concretas.
La Amazonía no necesita más homenajes; necesita decisiones valientes.Es por eso que la gran contradicción de la COP30 y de casi todas las COP, es esta: No podemos hablar de salvar el planeta mientras seguimos apostando por la industria que lo destruye.
Y esa contradicción no es solo de Brasil: es de casi todos los gobiernos que se presentan como defensores del ambiente mientras expanden petróleo, carbón o gas. Las COP seguirán siendo insuficientes mientras los países, incluso los anfitriones, sigan hablando en verde y actuando en “negro”.
Belém nos dejó una lección incómoda: No es suficiente hacer una COP en la Amazonía; hay que proteger la Amazonía.Lo demás: conferencias, discursos, compromisos, hashtags, es ruido.







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