Colombia: una economía que crece, pero no alcanza
- Political Society

- 12 sept 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 16 sept 2025
Por Jelitza Andrade.

Esta semana en #LaColumnadePolso hablo de una paradoja que todos sentimos a diario: un país que muestra cifras positivas, pero donde la mayoría sigue luchando para llegar a fin de mes.
En Colombia vivimos una contradicción permanente. El gobierno celebra indicadores de crecimiento, llegada de inversión extranjera y estabilidad macroeconómica, pero ese supuesto progreso rara vez se traduce en bienestar real. Los números lucen alentadores en los informes oficiales, mientras que en la mesa de los hogares el dinero resulta insuficiente. La riqueza se concentra en manos de pocos, el salario mínimo apenas cubre la mitad de la canasta básica y la informalidad laboral castiga a millones que trabajan mucho, pero viven con muy poco.
Aunque las estadísticas hablan de una inflación controlada, en la tienda de barrio todo sigue igual de caro: el arroz, el aceite, la leche y el transporte suben más rápido que cualquier ingreso. La inflación “real” que siente la gente de a pie no se mide en promedios técnicos, sino en la dificultad diaria para llenar la lonchera de los hijos, pagar el arriendo o cubrir los medicamentos. Esa diferencia entre la teoría económica y la práctica cotidiana explica por qué tantos ciudadanos sienten que el país progresa, pero ellos no.
A la frustración se suma la desigualdad regional. Mientras en las grandes ciudades se anuncian obras de infraestructura, nuevos centros comerciales y proyectos de inversión, en los municipios apartados los hospitales no tienen médicos, las escuelas carecen de pupitres y las vías siguen siendo trochas que aíslan comunidades enteras. El crecimiento económico parece concentrarse en unos pocos territorios, profundizando la brecha entre el centro y la periferia.
El problema, entonces, no es únicamente de números, sino de prioridades. Colombia sigue midiendo su éxito en función de grandes proyectos, de megaplanes de inversión o de la llegada de capital extranjero, pero relega lo verdaderamente esencial: educación pública de calidad, acceso oportuno a la salud y creación de empleo digno y estable. Sin estas bases, cualquier crecimiento resulta frágil y, sobre todo, injusto.
Lo más preocupante es que esta paradoja no es nueva. Durante décadas, diferentes gobiernos han insistido en maquillar la economía con indicadores que poco dicen de la vida real. Se celebra la llegada de capital internacional, pero se ignora que la productividad laboral se mantiene estancada y que el trabajo informal llega a casi la mitad de la fuerza laboral. Se aplaude la reducción parcial de la pobreza monetaria, pero se pasa por alto que la pobreza multidimensional, esa que refleja carencias en educación, vivienda y servicios básicos, sigue golpeando con fuerza.
La contradicción se profundiza porque Colombia no es un país pobre en recursos. Tenemos biodiversidad, minerales, café, petróleo, carbón, talento humano y un potencial turístico inmenso. Sin embargo, seguimos atrapados en un modelo económico que no logra cerrar brechas, que concentra beneficios en una élite y que deja por fuera a millones de ciudadanos que solo piden oportunidades para trabajar y vivir con dignidad.
Por eso, la discusión no debería ser si crecemos o no, sino cómo crecemos y para quién crecemos. El verdadero reto está en redistribuir mejor la riqueza, fortalecer la educación como motor de movilidad social, garantizar un sistema de salud accesible y generar empleo formal y decente. Colombia necesita políticas que no se queden en el papel, sino que transformen la vida cotidiana de la gente.
El futuro del país dependerá de que entendamos que una economía no se mide únicamente en reportes, sino en la posibilidad real de que cada ciudadano viva mejor. Hasta que no enfrentemos esta paradoja, seguiremos atrapados en un círculo de cifras alentadoras y realidades frustrantes.
La pregunta sigue abierta y cada vez más urgente: ¿hasta cuándo aceptaremos un modelo que presume crecimiento, pero no garantiza vivir con dignidad?







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