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Actitudes hacia los medios de comunicación en Ocaña

Por: Dayron Reyes


Hablar de confianza en los medios de comunicación puede parecer una discusión menor, sobre todo en un país donde las preocupaciones suelen estar en otra parte: la inseguridad, el desempleo, el acceso a la salud. Pero detenernos en esta pregunta abre una ventana útil para entender cómo se relaciona la gente con la información, con las narrativas que dan sentido a lo público. La confianza no mide si un medio hace bien su trabajo, sino si la ciudadanía percibe que ese trabajo tiene alguna utilidad, alguna legitimidad. Es una señal, no un veredicto. Y esa señal, cuando se observa de manera sistemática —como he intentado hacerlo en este análisis— permite identificar distancias, quiebres, o incluso desconexiones entre los ciudadanos y los canales desde los cuales se supone que se informan sobre el país, la región o su propio barrio.

 

Desde 2019, el Observatorio de Derechos Humanos de la Universidad Francisco de Paula Santander Ocaña ha venido aplicando el Barómetro Ocaña, una encuesta local que replica la metodología del Barómetro de las Américas. Es, hasta ahora, la única encuesta de corte longitudinal realizada en el municipio, con tres mediciones (2019, 2021 y 2023) y muestras superiores a los 900 ciudadanos por año, lo que permite observar con solidez estadística la evolución de ciertas actitudes políticas en el tiempo. En este análisis, me detengo en una pregunta específica como variable dependiente: “¿Hasta qué punto tiene usted confianza en los medios de comunicación?”. No es una pregunta sobre los medios de Ocaña —eso debe quedar claro—, sino sobre el vínculo que los ocañeros tienen con la idea general de “medios de comunicación”. Aunque es probable que su experiencia más cercana esté atravesada por medios locales, la respuesta no es un juicio técnico, es una percepción sobre su capacidad para informar, para representar, para conectar.

 

Mi primera tarea, y quizá la más directa, fue comparar los niveles de confianza hacia los medios de comunicación entre Ocaña y el promedio nacional. Para ello tomé las muestras de años similares del Barómetro de las Américas y del Barómetro Ocaña, con el objetivo de observar si las diferencias eran estadísticamente relevantes o simplemente fluctuaciones esperables.

 

Los datos muestran algo claro desde el inicio (gráfica 1): en casi todos los años comparables, el ocañero promedio confía menos en los medios que el colombiano promedio. Esto puede decir varias cosas, pero no cualquier cosa. No podemos concluir que en Ocaña se informa peor, ni que sus ciudadanos son más críticos por naturaleza. Lo que podemos afirmar —a partir de los datos— es que existe un margen de distancia mayor entre el ciudadano y el medio como institución. Y esa distancia, como lo han señalado autores como Tsfati y Cappella (2003), puede derivar en la búsqueda de fuentes alternativas o en una progresiva desafección con los canales tradicionales. Lo que se erosiona no es solo una institución, sino un pacto: el que alguna vez permitió pensar que la información era un bien público y no una mercancía más en la disputa por la atención.

 

Gráfica 1.



La comparación entre Ocaña y el promedio nacional deja claro que, al menos en términos de confianza, los medios no ocupan el mismo lugar en la estructura de legitimidad local. Pero las cifras por sí solas no alcanzan a explicar por qué se da esta distancia ni qué grupos dentro del municipio la sostienen o la desafían. Para entender mejor esas variaciones, el análisis necesita girar hacia adentro. Como advierten Kohring y Matthes (2007), la confianza en los medios no es un juicio totalizante sino una expectativa diferenciada: puede implicar respaldo a la selección de temas, pero sospecha frente al enfoque; valoración de la precisión, pero no necesariamente de la imparcialidad. Por eso es clave observar cómo esta confianza se expresa en distintos segmentos de la población. En este apartado exploro una primera dimensión: la edad. La literatura sugiere que los públicos jóvenes, aunque no necesariamente más informados, suelen mostrar mayor escepticismo frente a los canales tradicionales (Tsfati & Cappella, 2003). En el caso de Ocaña, los datos de 2019 y 2021 respaldan parcialmente esa idea: en ambos años, los jóvenes reportaron niveles de confianza más bajos que los adultos. Solo en 2023 esa brecha tiende a

cerrarse.


Gráfico 2.



Quizá uno de los hallazgos más consistentes en esta medición —y también uno de los más reveladores— tiene que ver con el nivel educativo. La relación es clara: a mayor escolaridad, menor confianza en los medios de comunicación. Esta tendencia se mantiene a lo largo de las tres mediciones. En 2023, por ejemplo, mientras el 41,7 % de las personas sin educación formal reportó confiar en los medios, esa cifra cayó a 20,9 % entre quienes tienen educación superior. Esta diferencia no es casual ni estadísticamente irrelevante. Si bien los márgenes de error (representados en los intervalos de confianza del 95 %) indican cierta superposición entre algunos grupos en años específicos, la distancia entre los extremos —personas sin educación y personas con estudios superiores— se mantiene sólida. Este patrón también se replica en 2021 y 2019. La literatura sobre el tema ofrece hipótesis plausibles: las personas con mayor nivel educativo tienden a desarrollar mayores niveles de escepticismo frente a las fuentes tradicionales de información, al tiempo que acceden a un ecosistema informativo más amplio y diverso, lo que amplía su capacidad para contrastar versiones y detectar sesgos (Kohring & Matthes, 2007). En ese sentido, no se trata simplemente de que desconfíen más, sino de que confían de manera distinta, con criterios más exigentes y filtros más elaborados.


 

Gráfico 3.


 



Si comparamos la confianza en los medios con otras instituciones de la vida pública, el contraste más claro aparece con las fuerzas armadas. En los tres años medidos, los niveles de confianza en las fuerzas armadas fueron considerablemente más altos que en los medios de comunicación. En 2023, por ejemplo, el 56,2 % de los ocañeros dijo confiar en las fuerzas armadas, mientras que solo el 28,7 % expresó lo mismo respecto a los medios. Las diferencias no solo son grandes, sino que se mantienen en el tiempo y están respaldadas estadísticamente, ya que los intervalos de confianza no se cruzan entre una institución y otra. Esto no quiere decir que una institución funcione mejor que la otra, pero sí muestra que las personas tienden a depositar más confianza en actores ligados al orden y la seguridad que en quienes comunican e interpretan la información pública. La desconfianza en los medios, como han señalado distintos estudios (Tsfati y Cappella, 2003), no siempre implica desinterés; muchas veces refleja una lectura crítica sobre sus intenciones, su independencia o su cercanía con el poder.

 

 

Gráfico 4.



 

A diferencia de lo que ocurre con las fuerzas armadas, la Policía Nacional presenta niveles de confianza más cercanos a los de los medios de comunicación. En 2019 y 2021, los intervalos de confianza de ambas instituciones se superponen, lo que sugiere que estadísticamente podrían ubicarse en rangos similares. Solo en 2023 se marca una diferencia más clara a favor de la policía. Que los medios compartan este umbral de legitimidad con una institución tan cuestionada como la Policía deja ver que, para muchos ciudadanos, los medios tampoco están cumpliendo del todo con su papel esperado: informar con independencia, contexto y utilidad pública.

 

 

Gráfico 5.




 

En el panorama de instituciones evaluadas, los medios de comunicación solo superan en confianza al Congreso y a los partidos políticos, dos actores que históricamente han concentrado los niveles más bajos de legitimidad ciudadana. En 2023, por ejemplo, la confianza en los medios (28,7 %) es significativamente superior a la de los partidos (16,3 %) y algo por encima del Congreso (29,8 %), aunque con intervalos que se acercan. Este lugar intermedio no es menor: muestra que, si bien los medios no están al fondo del escalafón, tampoco logran consolidarse como instituciones confiables. Su legitimidad, como en otros escenarios de desafección política, parece atada a una relación ambigua: no generan rechazo abierto, pero tampoco convocan adhesión clara. Y en un contexto donde los partidos y el Congreso han perdido relevancia para gran parte de la población, ubicarse apenas por encima de ellos no es necesariamente una buena señal.

 

 

Gráfico 6.




Quizá los análisis sobre la confianza en los medios de comunicación desde Ocaña nos dejan ver tres cosas. Primero, que existe una distancia clara entre lo local y lo nacional: en todos los años medidos, los ocañeros confían menos en los medios que el promedio del país, y eso ya dice algo sobre la relación entre territorio y sistema informativo. Segundo, que la confianza no se distribuye igual entre todos: hay diferencias marcadas según la edad y, sobre todo, según el nivel educativo. Quienes han accedido a más años de formación tienden a confiar menos, lo que puede interpretarse —como lo plantea Tsfati y Cappella (2003)— no como apatía, sino como una relación más exigente con el contenido. Y tercero, que, en un escenario de baja legitimidad institucional, los medios se ubican apenas por encima de los partidos y el Congreso, lo cual debería preocuparnos si aspiramos a que sigan cumpliendo un papel público relevante de contrapoder. Este análisis no pretende agotar el debate ni explicar las causas de fondo —para ello se necesitarían estudios cualitativos, análisis de contenido y seguimiento de medios locales—, pero sí ofrece una fotografía útil para empezar a mirar de frente una pregunta incómoda: ¿qué tan útil siente la ciudadanía que es la información que recibe?

 

 

Referencias

 

Cappella, J. N., & Jamieson, K. H. (1997). Spiral of Cynicism: The Press and the Public Good. Oxford University Press.

 

Kohring, M., & Matthes, J. (2007). Trust in news media: Development and validation of a multidimensional scale. Communication Research, 34(2), 231–252. https://doi.org/10.1177/0093650206298071

 

Kiousis, S. (2001). Public trust or mistrust? Perceptions of media credibility in the information age. Mass Communication & Society, 4(4), 381–403. https://doi.org/10.1207/S15327825MCS0404_4

 

Putnam, R. D. (1993). Making Democracy Work: Civic Traditions in Modern Italy. Princeton University Press.

 

Tsfati, Y., & Cappella, J. N. (2003). Do people watch what they do not trust? Exploring the association between news media skepticism and exposure. Communication Research, 30(5), 504–529. https://doi.org/10.1177/0093650203253371

 
 
 

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