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Ocaña, donde salir de casa se volvió un acto de fe

Por: Mariana Gómez

15 de Abril de 2026

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Ocaña, tierra que amaña… pero ¿cómo podríamos amañarnos en un lugar donde cada día se siente el aire de una tragedia anunciada por la falta de cultura ciudadana y la poca empatía que emanan sus calles?. 

 

Cada día crece la incertidumbre de salir del hogar y volver intacto. ¿Por qué normalizamos el terror de transitar por la avenida, por el parque de los seguros, o paradójicamente por la esquina del propio barrio donde vivimos, sabiendo la posibilidad existente de que ocurra un accidente, un robo o acoso? El municipio atraviesa un proceso de decadencia social y cultural que hemos empezado a normalizar peligrosamente.

Ocaña es un municipio con riqueza cultural, gastronómica, histórica; cuna de grandes protagonistas políticos e intelectuales como Barbara Vicenta Lemus quien ingresó disfrazada de hombre al templo de San Francisco, a escuchar los debates enconados de la Convención Constituyente, o José Eusebio Caro cofundador del partido Conservador Colombiano, periodista y poeta.

Cómo es posible tener tantos momentos históricos relevantes, tanta riqueza y con el paso de los años ver cómo en lugar de tener un desarrollo significativo, las noticias que nos encontramos diariamente son delincuencia, asesinatos, violencia, accidentes y atentados. Alimentando el terror de salir a la calle y quizás nunca volver; que nuestros familiares salgan rumbo a la rutina, con la zozobra de quizás no volver a saber de ellos porque sí, aunque la cotidianidad de la vida sea algo volátil, Ocaña se ha vuelto quizás más predecible, donde lo cotidiano sea un hecho lamentable y no una rutina de salir de casa y volver ileso.

 

Porque pasamos de invenciones increíbles que apostarían a un desarrollo seguro del municipio, como lo fue en su momento el cable aéreo (Gamarra- Cúcuta) que lograba no solo conectar territorio, sino fortalecer el comercio, mejorar el transporte, aumentar el turismo, poner a Ocaña como un ejemplo de ciudad región inteligente. Es acaso posible tener una decadencia de tal magnitud donde no nos preocupamos por preservar nuestra identidad y nuestras costumbres; antes bien vivimos preocupados por lo que nos depare el minuto siguiente de vida y dejamos de pensar en el vivir y solo nos preocupamos por sobrevivir. 

 

Aquí los interrogantes radican en: ¿Es esta la Ocaña que nuestros antepasados soñaron o la que un día vieron con ojos de esperanza nuestros abuelos?, ¿queremos vivir o sobrevivir?, y aún peor ¿qué le deparará el futuro a nuestros hijos y nietos, será acaso desarrollo o decadencia?

 

El futuro de Ocaña no está en lo que hagamos mañana, sino en lo que decidamos dejar de normalizar desde hoy.

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