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¿Educar para qué y para quienes?

Por: Cristhiam Jiménez

Abogado, Esp Derecho Administrativo, Secretario de Medio Ambiente de la Gobernación de Norte de Santander

01 de Mayo de 2026

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En Colombia hemos repetido durante años que la educación es el camino. Pero pocas veces nos preguntamos: ¿educación para qué y para quién? En las provincias, esa pregunta es urgente, porque mientras las universidades abren programas con nombres atractivos y promesas de “progreso”, la realidad de los territorios sigue pidiendo algo distinto.

Tomemos el caso de Universidad Francisco de Paula Santander, seccional Ocaña. Una institución valiosa, sin duda, que ha acercado la educación superior a miles de jóvenes de la región del Catatumbo. Pero también es válido preguntarse si la oferta académica que está impulsando responde realmente a las necesidades del territorio o si, por el contrario, está desconectada de su vocación económica ¿Será que la región necesita más contadores públicos, abogados, administradores de empresas? O por el contrario se necesitan ingeniero agrónomos, forestales, médicos veterinarios, e inclusive algún programa de salud que aproveche las potencialidad del hospital Emiro Quintero Cañizares.

El Catatumbo no es una región cualquiera. Es un territorio profundamente rural, con una enorme riqueza ambiental y un potencial agropecuario que, bien aprovechado, podría ser motor de desarrollo sostenible. Aquí, la tierra no es solo paisaje: es sustento, cultura y futuro. Entonces, ¿por qué seguimos formando profesionales que no necesariamente encuentran un lugar en esa realidad?

No se trata de deslegitimar programas que anteriores se mencionaron. Son importantes, claro. Pero cuando se convierten en la apuesta principal en territorios donde la economía gira alrededor del campo, algo no cuadra. Es como sembrar una semilla en un suelo que no le corresponde: puede crecer, pero difícilmente dará los mejores frutos.

El resultado lo vemos todos los días: jóvenes graduados que, con esfuerzo y sacrificio, obtienen un título que luego no logran conectar con oportunidades reales en su entorno. Algunos terminan migrando a las grandes ciudades, engrosando cinturones de informalidad o compitiendo en mercados laborales saturados. Otros simplemente sienten que estudiaron algo que no dialoga con su realidad.

Necesita jóvenes que no solo conozcan la tierra, sino que sepan innovar en ella, hacerla más productiva, más sostenible, más rentable.

Sin dejar atrás la importancia de profundizar conocimientos en el usos de nuevas tecnologías, inteligencia artificial, programación, que siempre sea un valor agregado en nuestro perfil de futuros egresados.

Aquí es donde la educación superior debería jugar un papel transformador. No como un simple proveedor de títulos, sino como un actor que interpreta el territorio y apuesta por su desarrollo. Las universidades no pueden ser islas desconectadas de la realidad que las rodea. Deben ser aliadas del progreso local.

Y esto no es una crítica aislada. Es un llamado a repensar el modelo. A que la oferta académica no se defina únicamente por la demanda inmediata o por la facilidad administrativa, sino por una visión estratégica del desarrollo regional. A que se escuche más a los territorios y menos a las tendencias genéricas.

 

Porque educar en las provincias no debería ser replicar lo que ya existe en las capitales. Debería ser, precisamente, lo contrario: reconocer la identidad de cada región y potenciarla.

Si el Catatumbo es tierra de vocación agropecuaria, la educación debe fortalecer ese camino. Si es una región con enorme biodiversidad, la formación debe girar también alrededor de su protección y aprovechamiento sostenible. Si queremos que los jóvenes se queden, construyan y transformen su territorio, debemos darles herramientas coherentes con esa misión.

No es menor lo que está en juego. No hablamos solo de programas académicos, hablamos del futuro de una región. De si seguimos formando profesionales para que se vayan, o si empezamos a formar líderes que se queden y hagan del Catatumbo un territorio de oportunidades.

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