Cultura urbana Cero
Por: Harlen Ernesto Barrios Atencio
Comunicador social y especialista en alto gobierno
01 de Mayo de 2026

No quisiera ser técnico a la hora de hablar de cultura urbana, pues de tecnicismos está lleno el mundo y aún seguimos sumidos en el atraso mental de pensar que crecer es solo rellenar de cemento un terreno.
Me voy a referir específicamente al comportamiento en una fecha especial: el Carnaval de Ocaña, que se celebra los días 4, 5 y 6 de enero para dar fin a las fiestas más largas de Colombia; esas que comienzan con la bienvenida a diciembre y terminan con muertos, heridos, paredes pintadas y un alcalde, concejales y demás allegados con los bolsillos llenos.
Pero no, no voy a hablar de los alcaldes, mucho menos de los concejales —ellos ya tendrán un espacio aparte—; hoy vengo a hablar de los ciudadanos, de su comportamiento y de la poca cultura urbana de un pueblo que la pide a gritos. Y como lo hice específico, comenzaremos por el tema más complicado de los carnavales de Ocaña: el agua.
El agua
Desde que tengo conocimiento, en las dichosas festividades se derrocha agua de manera impresionante. Según una investigación hecha por el periódico La Opinión, la cantidad de agua desperdiciada se eleva hasta los 9 millones de litros, equivalente a 12 millones de botellas de 750 ml. ¡Una barbaridad!
Dicho lo anterior, la pregunta es: ¿En dónde está la cultura urbana y el cumplimiento de las políticas públicas del municipio? Siendo el agua un derecho fundamental para la subsistencia del ser humano, ¿por qué se derrocha o se deja derrochar?
El alcohol
Aunque no es una problemática exclusiva del carnaval, el alcoholismo en menores de edad es parte de la “cultura” de un pueblo al que le dicen “El otro planeta”. Los parques principales de Ocaña y los eventos durante estas festividades evidencian la irresponsabilidad de muchos padres; además de permitirles consumir bebidas alcohólicas, también se les ve conducir motos en estado de embriaguez, pintados, con espuma, con latas de cerveza en la mano, sin casco y muchos de ellos en estado deplorable. Aquí la pregunta es: ¿Dónde están los responsables de enseñar los primeros valores de comportamiento? ¿Quiénes tienen la culpa?
Ocaña, ciudad caos
Con 455 años de fundación, Ocaña es de los municipios más longevos del territorio colombiano. Ciudades capitales como Medellín, Bucaramanga, Cúcuta y hasta Manizales no alcanzan la importancia en edad e historia que tuvo Ocaña en su centro fundacional. Y no es para menos: con tan solo nombrar la Gran Convención de 1828 toma relevancia pisar este suelo, pues aquí estuvo el prócer más grande de la historia de Latinoamérica, Simón Bolívar, junto a sus más fieles seguidores y contendientes, como Francisco de Paula Santander. Pero la idea no es desglosar la historia, sino hablar del poco sentido de pertenencia que el ciudadano tiene por Ocaña.
Los carnavales se convirtieron en un show de muy mal gusto: paredes de sitios emblemáticos manchadas por las pinturas que dejan desadaptados a su paso; heridos por el uso de excrementos de animal, "bolis" de hielo, aceites de carro y, en muchos casos, tíner.
Pero no acaba allí. En la llamada "zona cero", hay una gran cantidad de jóvenes consumiendo alcohol y drogas de todo tipo sin control policial, sin vigilancia y, mucho menos, sin respeto por quienes no están jugando. Al referirme a "ciudad caos", señalo ese comportamiento de los ciudadanos y su poca capacidad de comprender el daño que les hacen a sus parques. ¿Quiere ser testigo de ello? Péguese una pasadita el domingo a las 12:00 p. m. por la plazoleta de San Francisco; se dará cuenta entonces de lo mucho que hace falta el civismo en nuestra querida población.
Al fin y al cabo, hay mucho tema por abordar, pero si de cultura urbana se habla, Ocaña no se raja... porque aún no la conoce. El llamado es para todos: la culpa no es solo de alcaldes, gobernadores y concejales; es un reto que debe comenzar desde casa.
